El castillo Vogelod

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La venganza de Frank James (The Return of Frank James) 1940

Los hermanos Ford (John Carradine, Charles Tannen) son condenados por el asesinato de Jesse James (Tyrone Power) pero luego indultados y cobran la recompensa que ofrecían por el crimen. Frank James (Henry Fonda), el hermano de Jesse quiere vengarse. Bob Ford y su hermano Charles se van al oeste por miedo a que Frank los mate. Como este necesita dinero para irse tras los hermanos, roba la nómina de las oficinas del ferrocarril y por accidente muere el guarda. Huye con un joven llamado Clem (Jackie Cooper) e intentan hacer creer que Frank ha muerto para que los hermanos Ford salgan de su escondite. Frank conoce a una periodista (Gene Tierney) que convencida publica la noticia de la muerte de Frank James.

La venganza de Frank James

Frank y Clem encuentran a los hermanos haciendo una función teatral contando cómo murieron Jesse James y su hermano Frank. Huyen y Frank y Clem van detrás de ellos. Tras una persecución a caballo Charles muere cuando cae por un barranco y Bob huye.

Al criado negro de la familia James, Pinky (Ernest Whitman), lo acusan de complicidad en el robo que cometió Frank y quieren ahorcarlo. Frank no puede salvarle porque se entera que Bob Ford está en un campamento minero y acude allí a matarlo pero vuelve para salvar a Pinky. Frank y Clem paran un tren y suben para llegar a tiempo de salvar a Pinky. Cuando llega a Liberty lo detienen porque lo de Pinky era un cebo para que Frank volviera.

La venganza de Frank James

En el juicio aparece Bob Ford pero declaran inocente a Frank que sólo piensa en matar a Bob. Al salir del tribunal Ford mata a Clem, y cuando Frank va a buscar a Bob para matarlo, lo encuentra muerto en el establo por un disparo que hizo Clem. Frank recibe el perdón por su vida de robos y crímenes, y se queda con la guapa periodista.

Dirigida por Fritz Lang, continuación de Tierra de audaces (1939) de Henry King, que era un biopic sobre los bandidos Frank y Jesse James, y de cómo Bob Ford mató a Jesse James. En esta ocasión, al igual que aquella primera, se toman libertades y no parece que los hechos reales transcurrieran tal como aquí se cuenta, pero no es un obstáculo para poder pasar un buen rato viéndola.

Repiten los mismos actores principales, aunque no salen ni la mujer ni el hijo de Jesse James y tampoco Randolph Scott. De nuevo es Henry Hull [El lobo humano (1935)] el editor de la gazeta de Liberty; el responsable del ferrocarril es el menudo actor Donald Meek que solía hacer papeles de personajes timoratos y en este caso déspota con poder; J. Edward Bromberg [El fantasma de la ópera (1943), El hijo de Drácula (1943)] repite como el inspector del ferrocarril, un taimado tipo sin escrúpulos; el criado negro llamado Pinky es Ernest Whitman, que como todos los de su raza por esta época, sólo podían hacer papeles donde servían al "hombre blanco".

Aparece la guapa Gene Tierney [El fantasma y la Sra. Muir (1947), El diablo dijo no (1943)], sustituyendo a Nancy Kelly en el rol femenino, y está bien y encantadora en su papel de periodista algo ingenua, y lógicamente terminará enamorada de Frank.

John Carradine es un perfecto malvado, con esa mirada inquisitiva, sabe cómo componer un tipo sin escrúpulos. Como sucede en Tierra de audaces, no sale mucho pero cuando sale sin duda se hace notar y es curioso que se espacie tanto sus apariciones cuando su papel tiene tanta importancia y sea el origen del leit motiv de esta entrega, que no es otra cosa que, claro está, la venganza de Frank.

La venganza de Frank James

La película mantiene la misma estética con el mismo technicolor que su predecesora, solo que dirigida por Fritz Lang, el famoso director de 'Metrópolis' (1927), que emigró de Alemania cuando llegaron los nazis. Pero no hay excesiva diferencia en el tratamiento de ambas, aunque tiene algo de sello de autor para recordarnos que es una de Lang.

Al respecto sin embargo, aunque algunas sombras reveladoras pueden hacernos pensar en un golpe de estilo, muchas veces son sólo efectos de efectos de sombras y luces compuestas sin más misterio que lograr una impresión visual. Otras en cambio tienen más chispa aunque sin pasarse, no es la época del expresionismo que sólo nos queda lo que vemos aquí de veteranos como Lang. No obstante, es el mejor de los tres westerns que dirigió Fritz Lang: 'Espíritu de conquista' (1941) y 'Encubridora' (1952) fueron los otros dos.

Destacan también unas interesantes cabalgadas, ya sea para salvar al negro Pinky donde se ve incluso la baba, una espuma densa de saliva que han soltado los caballos agotados por el esfuerzo, o una persecución que se combina perfectamente, aunque seguramente sin pretenderlo, en la perfección del mero espectáculo y la petulancia. Duración aproximada: 92 minutos.


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