El castillo Vogelod

Cine de terror, ciencia ficción, fantasía y literatura fantástica

Qué es y qué no es la hipnosis

El poder de la mente se utiliza hoy para el tratamiento de muchos trastornos, desde el dolor hasta las fobias.

Un médico de treinta años de edad acudió a la consulta del doctor Harold J. Wain, psicólogo del Centro Médico Walter Reed, del Ejército, en Washington. Pocos años antes se había lesionado la nariz en un partido de baloncesto; la lesión que le produjo en el cartílago y en el hueso perturbaba ahora su respiración.

Le aconsejaron una septoplastia, operación en la que el cirujano reconstruye la estructura nasal mediante un martillo, un escoplo y un escalpelo. Inquieto ante dicha perspectiva, pidió al doctor Wain, que le ayudara a vencer su ansiedad.

Wain, que se ha especializado en los aspectos psicológicos de los trastornos físicos, es uno de los numerosos profesionales que se valen de la hipnosis en apoyo de la tecnología médica. Con la ayuda de Wain, el paciente se tranquilizó profundamente y su miedo a la cirugía desapareció. Después de sólo dos sesiones de 45 minutos, solicitó ser intervenido sin anestesia, únicamente bajo los efectos de la hipnosis.

Con la aprobación del cirujano, Wain provocó en el paciente un estado de trance. «El objeto era situarlo mentalmente en una lejana playa tropical, desde donde veía veleros en el mar y sentía soplar una fresca brisa en las mejillas», explica Wain. «El paciente llegó a estar tan absorto en esta escena imaginaria qué la operación, de una hora de duración, pudo realizarse sin ninguna clase de problema».

La hipnosis como arte curativa fue empleada hace miles de años por los egipcios y los griegos, cuyos sacerdotes trataban a los enfermos valiéndose principalmente del trance y de la sugestión. Pero, en Europa, durante la Edad Media, los dotados de capacidad hipnótica fueron tenidos por brujos. En el siglo XIX, el hipnotismo, teñido de tonalidades místicas, se consideró cosa de charlatanes y de magos de espectáculos.

Hoy, sin embargo, a medida que los hallazgos de laboratorio y la experiencia clínica prueban cada vez más su eficacia, se sabe que, para ciertas personas, la hipnosis puede ser un poderoso instrumento para aliviar el dolor y controlar fobias y hábitos.

El trance tiene gran eficacia en el alivio del dolor. En un estudio con quemados que se realizó en el Centro Médico del Ejército, de Fort Houston (Tejas), el empleo de la hipnosis, con sugestiones destinadas a evocar imágenes mentales positivas y agradables, redujo en forma notable la cantidad de fármacos necesarios para aliviar a los pacientes del suplicio diario del desbridamiento, limpieza y eliminación del tejido muerto, indispensables para detener la infección.

Los pacientes sujetos a hipnoterapia requirieron menos de la mitad de los medicamentos analgésicos para conseguir el mismo nivel de alivio que los no hipnotizados. Además, al recibir menos sedantes, se alimentaban mejor, eran más activos y se recuperaron con mayor facilidad.

Las víctimas de jaqueca también se han beneficiado con el hipnotismo. Un hombre de 51 años que había sufrido tales dolores durante veintidós años -a veces hasta seis horas diarias- logró aliviar su padecimiento y reducir la cantidad de calmantes hasta casi suspenderlos con ayuda de la hipnosis, y una mujer de 38 años que había tenido agudos dolores de cabeza desde su infancia pudo librarse de los síntomas del mismo modo.

Un reciente estudio de un año de duración, llevado a cabo en Gran Bretaña con pacientes de jaqueca, demostró que la hipnosis es tres veces más eficaz para eliminar los ataques que el tratamiento con fármacos.

Con la hipnoterapia ha sido posible obtener diversos grados de mejoría en casos de insomnio, ansiedad, hipertensión, hemofilia, asma y síntomas postoperatorios.

Pero ¿qué es, exactamente, la hipnosis? «Quizás la mejor manera de entenderla sea saber lo que no es», dice el doctor Herbert Spiegel, profesor de psiquiatría clínica en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia.

La hipnosis no es sueño. Aunque el término se deriva de la palabra griega hypnos, que efectivamente significó sueño, la hipnosis es en realidad algo muy diferente. «En la escala del entendimiento humano», explica Spiegel, «la hipnosis se halla en un extremo, el coma en el otro y la capacidad ordinaria se sitúa en el medio. El trance es una franja de atención intensamente enfocada y concentrada, que excluye todo estímulo externo».

En la vida diaria ocurren con bastante frecuencia experiencias de tipo hipnótico, como, por ejemplo, cuando soñamos despiertos, o cuando nos ensimismamos en la lectura de un libro o viendo una película.

La hipnosis no es estar bajo el poder de alguien. Nadie «hace nada» a nadie. Según Spiegel, «la capacidad de entrar en trance es inherente a un individuo, como lo es la de tocar el piano, y puede desarrollarse mediante instrucción y práctica. El hipnólogo simplemente ayuda al paciente a hacer uso de una condición o capacidad que éste ya posee».

La buena disposición al hipnotismo no es un signo de debilidad mental. «Por el contrario» , señala Spiegel, «es señal de inteligencia y de habilidad para concentrarse». Las personas dotadas de mayor capacidad para el trance son aquellas de imaginación vívida; las de razonamiento analítico son las menos aptas para dejarse hipnotizar.

La mayoría de los expertos estiman que de un cincuenta a un noventa por ciento de la población puede beneficiarse hasta cierto punto con la hipnósis; un diez por ciento es capaz de entrar en un trance lo suficientemente profundo como para suprimir el dolor por completo.

El hipnotismo no es solamente un fenómeno psicológico, sino también biológico. Spiegel cree que se producen cambios reales en las ondas cerebrales y que el electroencefalógrafo logra medirlos durante el trance.

Además, estudios indican que el cerebro es capaz de producir sus propios calmantes para mitigar el dolor, substancias químicas llamadas endorfinas, o morfinas endógenas (autoproducidas). Los psiquiatras suponen que, en la profunda concentración que permite el trance, una persona puede inducir la producción de estas drogas naturales.

Spiegel piensa también que la hipnosis pone la parte analítica del cerebro en punto muerto, y en cuarta velocidad la parte impresionable. Esto permite que el sistema de circuitos del cerebro acepte una sugestión verbal sin la censura del juicio crítico o del pensamiento lógico, razón por la cual las instrucciones recibidas bajo hipnosis son aceptadas y producen efectos físicos, como cambios de presión arterial, temperatura de la piel y variantes en la percepción.

Destruye un hábito. La hipnosis, cuando da resultado, puede producir efectos de gran alcance. En buenas manos, las fobias, por ejemplo, responden rápidamente.

El psicólogo clínico Melvin Á. Gravitz, de Washington, cuenta de una mujer que deseaba asistir a la boda de un sobrino suyo en Suiza, pero la aterraba la idea de volar. La sometió a un tratamiento de tres sesiones, durante las cuales la hipnotizó, y luego, mediante imágenes mentales, la hizo subir a un avión imaginario. Progresivamente fue quitándole el miedo. Gravitz señala que la mujer pudo hacer el viaje, sin problemas, y desde entonces ha volado muchas veces, libre de temor.

La lista de usos a los que puede aplicarse el hipnotismo parece ser tan amplia como las necesidades humanas. Investigadores rusos informan que han empleado con éxito la hipnosis para aumentar la creatividad entre músicos, artistas y ajedrecistas. Según un psiconeurólogo de Moscú, moviliza capacidades potenciales que podrían, en circunstancias corrientes, no manifestarse en una persona.

La técnica se aplica asimismo para solucionar problemas sexuales. «Durante el trance», explica Milton Kline, del Instituto de Investigaciones sobre Hipnosis, del Estado de Nueva York, «volvemos al período inicial del trauma sexual, algo que el paciente a menudo no recuerda conscientemente. Luego hablamos de todas las buenas experiencias con el fin de borrar las malas. A menudo, para mejorar la actitud del paciente, basta localizar el origen del trauma, y hablar sobre ello durante el trance».

La aplicación cada vez más extendida es el uso de la hipnosis para el control de los hábitos. Spiegel, quien la aplica en aquellos que desean dejar de fumar dice que un treinta por ciento de sus pacientes renuncian al tabaco después de una sola sesión de hipnosis.

Kline amplía el tratamiento a varias sesiones, y obtiene respuestas positivas en un ochenta por ciento de los individuos que desean dejar el vicio.

En el Hospital Walter Reed, Wain, que se califica a sí mismo de comilón reformado, consiguió reducir la medida de su cintura de más de un metro a ochenta y seis centímetros mediante autohipnosis. «Para disminuir el peso, hacemos hincapié en el autodominio, y tratamos de que el paciente, durante el trance, deje de pensar en sí mismo como recipiente de desperdicios, y comience a considerarse un conocedor que disfruta de cada bocado, satisfecho de haber disminuido la cantidad de lo que consume».

El sesenta ciento de los pacientes de Wain adelgazan. Uno de ellos, caso excepcional, perdió noventa kilos. Este médico ha utilizado con éxito el hipnotismo para combatir la tartamudez, el dolor de la angina de pecho y las náuseas originadas por la quimioterapia contra el cáncer. Sin embargo, como otros profesionales serios, advierte que el hipnotismo por sí solo no es un curalotodo. Debe adaptarse a cada paciente y combinarse con un tratamiento responsable.

En resumen, el creciente interés en la hipnosis puede ser beneficioso para las sociedades actuales que consumen demasiados medicamentos.

«En la medicina», dice Spiegel, «el enfoque excesivamente tecnológico de la lucha contra la enfermedad y el dolor nos ha hecho depender demasiado de médicos que emplean exclusivamente cosas materiales: píldoras, escalpelos, instrumentos electrónicos. Estos son necesarios, pero falta un elemento esencial. Durante mucho tiempo hemos descuidado el poder de la mente como agente terapéutico».


Creado el 23 noviembre, 2010.

© Copyright 2001-2017 El castillo Vogelod - Pagina personal realizada sin ánimo de lucro - Todos los derechos reservados.