El castillo Vogelod

Cine de terror, ciencia ficción, fantasía y literatura fantástica

El hombre que se quiso matar (1942)

Federico Solá (Antonio Casal) es un arquitecto apasionado del cemento que no consigue un puesto de trabajo porque se lo han dado a un pariente del director. Entonces decide suicidarse pero ninguno de los intentos le funciona. Sin embargo, le convencen de que es mejor vivir como un ser libre antes de matarse, y por ello decide hacer y decir lo que le de la gana hasta la hora de suicidarse, lo que le cangreará fama. Y además se enamorará.

El hombre que se quiso matar

Comedia negra de Cifesa, con el protagonismo de Antonio Casal [ El fantasma y doña Juanita (1945), La torre de los siete jorobados (1944)], asiduo en las pantallas de cine de aquellos tiempos lejanos de la España franquista. Casal no era un gran cómico pero tenía cierta personalidad, a este que escribe no le parecía ni buen cómico ni actor, además tenía una forma de hablar un poco lánguida que creo tampoco le favorecía. No obstante, en ciertas situaciones en que su personaje se ve envuelto la situación podría ser graciosa, pero es sin duda subjetivo: los dos atropellos frustrados con los que quiere suicidarse tienen algo de fortuna cómica pero de una forma tan tonta y superficial que parece hecha para lerdos, todo lo demás del personaje es la supuesta "rebeldía" social antes de matarse, o intentarlo (junto a los atropellos, está el ahorcamiento y un disparo).

Quizás pueda haber alguien que le haga gracia, pero el humor que aquí se nos muestra es de tercera, chabacano, alguna cara más conocida como Xan das Bola (de nombre real Tomás Ares Pena) no sirve para salvar la función en absoluto, no es este un cine de secundarios y la mayoría son mediocres. Mediocres como la película en general, quizás sirviera para evadirse del momento político de la época, ese franquismo puro y duro aliado de Hitler y Mussolini hasta que estos empezaron a perder en Europa, o simplemente sirviese para evadirse de cualquier otra preocupación, que las había. Pero este humor simple, de una simpleza chabacana que ofende, hoy en día es prescindible. Es curioso que siendo el régimen franquista un Estado policial tan fuerte, el personaje de Casal campe como Pedro por su casa actuando como le de la gana. Esa otra realidad donde se hace lo que uno quiere sería la única posibilidad de escape para el españolito de a pie de entonces.

El hombre que se quiso matar

Atención al pésimo sonido ambiental de cuando Casal y su pareja pasean por el parque, y donde las hojas secas caídas y el ruido ambiental se confunden más de lo debido con las voces de los protagonistas. Es una adaptación de la obra del escritor Wenceslao Fernández Flórez, que solía incluir algunas críticas sociales en sus obras, aqui vemos claramente alguna crítica al enchufismo o la hipocresía de las conveniencias sociales, pretendidos mensajes críticos pero son nimiedades provocadas en situaciones absurdas y burdas, afectando al régimen como el zumbido de una mosca (si no, no se hubiera estrenado) y simplemente recogía en papel las típicas quejas populares del día a día aparentando un cierto nivel crítico pero que es superficial.

Por otra parte, esta película le servía de apoyo al régimen en su labor de que el pueblo se identificase con los principios del movimiento y que el público que acudiera a las proyecciones viese en el poder la labor legitimadora de apoyo a una crítica social que el pueblo identificase como profunda (cuando no era más que una simpleza) pero sobre todo proyectada gracias a la ominosa presencia aprobatoria del poder reinante. Lo que además de producir un sentimiento de rebeldía, atenuado e inocuo dado el resultado final, al ver como un señorito atentaba contra unos convencionalismos que el régimen conservador de Franco y la Iglesia católica querían conservar a ultranza, servía para congraciarse en cierta forma con aquellas voces críticas que a nivel interno e individual, ya que no había posibilidad para más en un régimen tan rígido, clamaban contra lo establecido, hacia un gobierno totalitario, y que de forma "asombrosa" parecía estar en afinidad con lo que el mismo pueblo sentía al permitir una película donde se criticaban o atacaban ciertos usos sociales, convirtiendo al señorito en rebelde con causa que iniciaba una "revolución" social. No era mas que morralla con un baño de pseudo intelectualidad, superficial y sin profundidad de ninguna clase.

El hombre que se quiso matar

Tuvo un remake, u otra adaptación, en 1970, dirigida también por Rafael Gil y protagonizada por Tony Leblanc, cómico famoso en este país durante los años del franquismo con sus tics cómicos, olvidado en la Democracia y redescubierto de nuevo por Santiago Segura en la primera de la exitosa saga del policía facha Torrente, 'Torrente, el brazo tonto de la ley' (1998), donde Tony Leblanc era el padre inválido en silla de ruedas de Torrente, que era explotado por este.

Dirige Rafael Gil con su monotonía habitual, director fijo del franquismo que cuando en su filmografía sobresale algún trabajo, sin duda 'Don Quijote de la Mancha' (1947) o la notable 'El beso de Judas' (1954) o la realista 'La calle sin sol' (1948), son trabajos destacables por la historia que nos cuenta, no por lo visual. En ocasiones Gil también hacía el guión o la adaptación correspondiente, pero no destacan precisamente por la labor técnica del director, labor que no se sale de lo convencional, actor delante de la cámara y punto. Gil también llegaría hasta los tiempos de la transición y la democracia española, recordemos a partir de 1975 con la muerte de Franco comenzó la etapa de transición a la Democracia, que llegó el 15 de junio de 1977 con las primeras elecciones democráticas de este país, junto a otro hito histórico como fue en 1978 la aprobación de la Constitución Española, después de 40 años de dictadura férrea del franquismo. Gil siguió dirigiendo, esta vez nada católico, sino algunas de las llamadas "españoladas", pero en este caso eran apologías franquistas, basuras como 'A la legión le gustan las mujeres... y a las mujeres, les gusta la legión' (1976) o 'Las autonosuyas' (1983), burla sobre las autonomías españolas. La última que hizo fue 'Las alegres chicas de Colsada' (1984), que no eran otras que chicas de cabarets. Rafael Gil murió en 1986 después de toda una vida dedicado a hacer películas, convertido en uno de los directores del franquismo. Duración aproximada: 80 minutos.


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